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BLASCO ESCRITOR

De las múltiples facetas de la personalidad de Vicente Blasco Ibáñez la más conocida es, sin duda alguna, la de escritor.

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Su obra tiene una correlación con su propia biografía, y se puede agrupar en diversas etapas creativas, desde sus primeras obras de juventud, de tipo folletinesco, con las que se inició en el oficio de escritor y de las que renegaría más tarde; pasando por las de temática valenciana (Arroz y tartana, Flor de Mayo, La barraca, Entre naranjos, Cañas y barro) cuando Blasco era “el sultán de Valencia” y simultaneaba su escritura con la edición de su diario El Pueblo. Después vendría la etapa de sus novelas sociales (La catedral, El intruso, La bodega y La horda) ambientadas en diferentes ciudades españolas y en las que trasluce claramente su ideología política.

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A éstas seguirían algunas de sus novelas más internacionales, como Sangre y arena, considerada el primer “best seller”, o Los cuatro jinetes del Apocalipsis, que obtuvo un éxito sin precedentes y le dio fama mundial, y que junto con Mare Nostrum y Los enemigos de la mujer completan el ciclo de la Gran Guerra.

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Sus últimas novelas, de corte histórico, tenían el claro propósito de reivindicar el papel que jugó España en el contexto mundial y contrarrestar la leyenda negra existente (El Papa del mar, A los pies de Venus, En busca del Gran Kan y el caballero de la Virgen)

Blasco Ibáñez escribió asimismo gran número de cuentos y novelas cortas (Cuentos valencianos, La condenada, El préstamo de la difunta, etc.) género en el que era un consumado maestro, y libros de viajes (En el país del arte, Oriente, Argentina y sus grandezas, La vuelta al mundo de un novelista).

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Es poco conocida la circunstancia de que Blasco Ibáñez fue postulado para el Premio Nobel de Literatura, galardón que hubiera obtenido con toda seguridad de no haber sido porque prefirió renunciar a él antes que mantener un silencio cómplice que favoreciese el golpe de estado del General Primo de Rivera, en apoyo de la monarquía de Alfonso XIII.

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