15 a 22 de mayo de 1921

 

SEMANA HOMENAJE A VICENTE BLASCO IBÁÑEZ

El éxito de Blasco Ibáñez en los Estados Unidos, tras la publicación de su novela Los cuatro jinetes del Apocalipsis, fue tan indiscutible que los valencianos, dejando a un lado sus diferencias políticas, quisieron manifestarle su apoyo.

A la vista de las noticias que llegaban desde aquel país, a finales de 1920, los Casinos Republicanos de Valencia, junto a los de los municipios de su entorno, iniciaron una campaña para tributar a Vicente Blasco Ibáñez un homenaje. A esa iniciativa se sumaron numerosos municipios y entidades de todo tipo, Ateneo, Círculo de Bellas Artes, Centro de Cultura Valenciana, Asociación de la Prensa Valenciana, etc., y el propio Ayuntamiento de Valencia, encabezado por su alcalde, Ricardo Samper, quiso sumarse a este homenaje, haciéndolo propio.

Hay que recordar que Ricardo Samper Ibáñez ha sido uno de los políticos más destacados que ha dado Valencia. Abogado de profesión, se inició en política de la mano de Blasco Ibáñez, y llegó a ser un miembro destacado del Partido de Unión Republicana Autonomista (PURA), ostentando en varias ocasiones el cargo de concejal del Ayuntamiento de Valencia, hasta su nombramiento como alcalde en 1920. En 1931 fue elegido diputado por Valencia en las Cortes Constituyentes que dieron paso a la Segunda República, y llegó a ostentar el cargo de ministro en diversas ocasiones y, en 1934, presidente del Consejo de Ministros, siendo el único valenciano que ha ostentado este cargo.

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Tras llegar a la estación, procedente de Madrid,

Blasco Ibáñez se trasladó al Ayuntamiento de la ciudad.

Todas aquellas gestiones cuajaron en una semana de homenajes, que se desarrollaron entre los días 15 y 22 de mayo de 1921, y que ha sido uno de los acontecimientos más importantes de los que ha sido testigo la ciudad de Valencia, solo superado por el homenaje que recibió el propio Blasco Ibáñez, con motivo del regreso a Valencia de sus restos mortales, en octubre de 1933.

Los actos de homenaje comenzaron con la llegada de Blasco Ibáñez a Valencia, procedente de Madrid, en la mañana del domingo, día 15 de mayo, siendo recibido por los miembros del Ayuntamiento de Valencia y la Diputación, junto a representantes de otros municipios y entidades, acompañados de la Banda Municipal. Tras recibirle, la comitiva se dirigió al Ayuntamiento, y en el trayecto fue saludado por un numeroso público, que abarrotaba las calles, adornadas al efecto. En este sentido es de destacar el monumental arco de triunfo, levantado al inicio de la actual calle de la Paz.

 

El programa de actos contemplaba que cada uno de los días se dedicaría a una de sus obras literarias, comenzando, el lunes, día 16, por su novela Mare Nostrum. El día comenzó con la inauguración de un nuevo grupo escolar (denominado “Mare Nostrum”) en la zona del puerto. Tras comer en el restaurante Miramar, los actos siguieron en la Lonja, donde el Centro de Cultura Valenciana le otorgó el nombramiento de director honoris causa de dicha entidad.

 

El martes 17, se dedicó a La Barraca, inaugurándose con tal motivo un nuevo colegio, el Grupo Escolar Serrano Morales. Por la tarde, las actividades se trasladaron al barrio del Cabañal, donde aún se conservaban algunas de estas construcciones tradicionales. La ambientación fue típicamente valenciana, con numerosos participantes vestidos con los trajes típicos.

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El homenaje a la Barraca fue un acto de afirmación identitaria.

Ese mismo día, en el Conservatorio, se reunieron representantes de las principales asociaciones culturales y artísticas de Valencia, para apoyar un proyecto que Blasco Ibáñez llevaba madurando desde hacía tiempo, y al que ya se había referido el día anterior en el Centro de Cultura Valenciana, la creación de un “Museo de la vida valenciana”, embrión del que, años más tarde, sería el Museu Valencià d’Etnologia.

 

Por la noche se celebró una función en el Teatro Apolo, seguida de una fiesta típicamente valenciana y el disparo de un castillo de fuegos artificiales.

 

El miércoles se dedicó a la novela Cañas y Barro, por lo que las actividades se trasladaron a la Albufera. Tras un paseo en barca, los asistentes comieron en la Dehesa, siguiendo otra fiesta típicamente valenciana Por la noche, nueva representación, en esta ocasión en el teatro-circo Regües, situado en el solar de la antigua Estación del Norte.

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La comitiva viajó por la Albufera a bordo de las barcas tradicionales.

La mañana del jueves, en el salón columnario de la Lonja, el alcalde de Valencia, Ricardo Samper, en presencia de toda la corporación municipal, hizo entrega a Vicente Blasco Ibáñez de las insignias de la ciudad.

 

Por la tarde, llegó el turno de rendir homenaje a su novela Sangre y Arena, para lo que se celebró una corrida de toros, organizada por la Asociación de la Prensa Valenciana. Al finalizar ésta el Sindicato Gremial de Comestibles le rindió un homenaje, dada la vinculación de su familia con este gremio, ya que sus padres regentaban un ultramarinos.

 

Por la noche, el Ateneo Científico y Literario organizó una fiesta, en el Conservatorio de Música, para hacerle entrega del título de socio de honor.

 

El viernes fue más relajado, ya que no hubo actividades hasta la tarde, en la que el Círculo de Bellas Artes y Juventud Artística organizó una xocolatà en honor del escritor.

 

Por la noche, la Asociación de la Prensa Valenciana organizó una función homenaje, en el teatro Principal, cuyos beneficios se destinaron a las Colonias Escolares. Se representó una adaptación musical del cuento El últim lleó, obra de Maximiliano Thous y el maestro Asensi; así como una representación basada en su novela La Barraca.

 

El sábado se descubrió una lápida, en la plaza de Cajeros, por la que ésta cambiaba su nombre por el de Vicente Blasco Ibáñez. Inicialmente se había previsto dedicarle la plaza de la Reina, pero se prefirió evitar cualquier tipo de conflicto.

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Blasco Ibáñez se dirige a los asistentes, en la plaza que acababan de dedicarle

Por la tarde de ese mismo día tuvo lugar uno de los actos más vistoso y multitudinario de esa semana de. Se trataba de una cabalgata, integrada por nueve carrozas y una nutrida comitiva, que incluía alegorías de las algunas de las novelas escritas por Blasco Ibáñez, entre ellas Flor de Mayo, Cañas y barro, Sangre y arena, La Bodega, Mare Nostrum, Sónica la Cortesana, Los cuatro jinetes del Apocalipsis, La barraca, La catedral, Entre naranjos y Cuentos valencianos.

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Carroza con la efigie de Blasco Ibáñez, que cerraba el desfile

Dichas carrozas fueron diseñadas y elaboradas por reconocidos artistas en este campo, entre ellos Cabrelles, Sanchis Arcis y Benedito. Cerraba la cabalgata una carroza que representaba un busto del escritor, tocado por una corona de laurel, y que simbolizaba su triunfo, glorificado por las Bellas Artes.

 

Como cierre, se celebró un nuevo festival, que tuvo lugar nuevamente en la Plaza de Toros, en beneficio de las colonias infantiles.

 

Al concluir la semana de homenajes que la ciudad de Valencia le rindió a Vicente Blasco Ibáñez éste regresó a Madrid, donde también se habían organizado diversos actos de homenaje a tan ilustre valenciano, tras lo que regresó a Francia.

 

Ésta sería la última ocasión en que Blasco Ibáñez visitaría Valencia, al menos en vida.